INTRODUCCIÓNNos complace ofrecerles, como tema central de esta edición, un acercamiento exploratorio a uno de los problemas más complejos de la filosofía: la naturaleza de la realidad y su relación con la conciencia y el espíritu.De hecho, la idea surgió de una estimulante y bien informada presentación del Dr. Patrick Wagner sobre lo que sería una «bioética cósmica» en una tertulia de la Academia Nacional de Medicina, en la que llegó a tratar algunos de los conceptos de la mecánica cuántica que corresponden a esta discusión.Le agradezco por haberlo planteado, así como por haber aceptado escribir sobre la materia en esta edición de la revista Acta Herediana.Esencialmente, el Dr. Wagner (2024) plantea que la evolución del universo se puede pensar teleológicamente, y que la misma tiene una direccionalidad ética positiva.Otro de los trabajos clave en esta línea que traemos aquí, que lideró la siempre educada pluma del Dr. Renato Alarcón, en coautoría con mi persona (2024), aborda la naturaleza de la conciencia desde diversas perspectivas: cuántica, neurobiológica, psicológica, sociocultural, religiosoespiritual y filosófica.La revisión revela que estos enfoques abordan dimensiones distintas de la conciencia, que serían mayormente compatibles entre sí.
INTRODUCCIÓNNos complace ofrecerles, como tema central de esta edición, un acercamiento exploratorio a uno de los problemas más complejos de la filosofía: la naturaleza de la realidad y su relación con la conciencia y el espíritu.De hecho, la idea surgió de una estimulante y bien informada presentación del Dr. Patrick Wagner sobre lo que sería una «bioética cósmica» en una tertulia de la Academia Nacional de Medicina, en la que llegó a tratar algunos de los conceptos de la mecánica cuántica que corresponden a esta discusión.Le agradezco por haberlo planteado, así como por haber aceptado escribir sobre la materia en esta edición de la revista Acta Herediana.Esencialmente, el Dr. Wagner (2024) plantea que la evolución del universo se puede pensar teleológicamente, y que la misma tiene una direccionalidad ética positiva.Otro de los trabajos clave en esta línea que traemos aquí, que lideró la siempre educada pluma del Dr. Renato Alarcón, en coautoría con mi persona (2024), aborda la naturaleza de la conciencia desde diversas perspectivas: cuántica, neurobiológica, psicológica, sociocultural, religiosoespiritual y filosófica.La revisión revela que estos enfoques abordan dimensiones distintas de la conciencia, que serían mayormente compatibles entre sí.
Se aborda en este trabajo un tema tan antiguo y general, pero al mismo tiempo tan actual, como las diferencias y posibles relaciones entre la materia y el espíritu. Se hace a través de la consideración de fenómenos como las «cosmovisiones», o interpretaciones generales de lo que es nuestro mundo y lo que los hombres hacemos en él, surgidos periódicamente en la humanidad como consecuencia de grandes descubrimientos y grandes teorías explicativas de la naturaleza de nuestro universo, incluyendo al hombre dentro de él. Sugerimos que estamos entrando en la séptima cosmovisión y la definimos en términos generales. El perfeccionamiento de la especie humana fisiológica y mentalmente puede que sea uno de los resultados concretos a los que pueden dar lugar las nuevas interpretaciones y los cambios tecnológicos que las acompañan, así como la utilización de la Inteligencia Artificial Fuerte y la creación de robots humanoides y «máquinas espirituales». Más importante que todo ello, y a lo que especialmente nos referimos, es el hecho de que la nueva etapa del hombre ante la que estamos, puede caracterizarse por un mayor papel del espíritu, la consciencia, y la subjetividad en la marcha de nuestro mundo, algo a lo que contribuyen las nuevas concepciones relacionadas con la Mecánica Cuántica y con la posibilidad de existencia de un Universo Consciente.
Para poder aclarar cómo ha afectado la mecánica cuántica a los conceptos de causalidad y azar, hay que tener en cuenta que esta teoría no surgió como consecuencia de una maduración conceptual de la propia física o de los que la cultivaban. Todo lo contrario: nació y creció a contrapelo de la mentalidad dominante, y en cierto modo sigue teniendo en contra las preferencias personales de la mayoría de los que bregan con ella. Sus creadores cuestionaron y redefinieron las principales categorías de determinación, pero no por gusto, sino por necesidad. Casi todos hubieran deseado otra cosa muy diferente. Es una teoría que sólo ha contado de un modo parcial y provisional con las simpatías de sus gestores y destinatarios. Sería más exacto decir que han aprendido a resignarse a ella. Su fuerza ha residido desde el principio y hasta el presente en los hechos. El mundo es como es, no como les gustaría que fuese a los que se encargan de estudiarlo. Y hay muchos a los que no gusta la imagen resultante. A pesar de que la llamemos ciencia empírica, los que la crean casi siempre han pospuesto la experiencia a consideraciones lógicas, ontológicas e incluso estéticas. En este banquete los hechos han figurado siempre como parientes pobres, cuya presencia no se puede obviar, pero de los que se espera una presencia complaciente y discreta. Sin embargo, a veces la prima del pueblo rompe el protocolo y hace que salgan a la luz algunos conflictos soterrados. Algo parecido ocurrió en esta ocasión: la naturaleza dijo «¡No!» a la camisa de fuerza que pretendía imponérsele. Y lo hizo como ella sabe, produciendo resultados inesperados en los experimentos y suscitando fenómenos refractarios a las rutinas teóricas autorizadas. Hubo que buscar alternativas, empezando por las más aceptables y terminando por las menos gratas. La discontinuidad cuántica pertenecía a esta última clase.
En este breve escrito se hace algunos comentarios sobre la física cuántica con el objetivo de hacer un acercamiento al lector a este nuevo paradigma y de motivar una reflexión en esta línea.La física cuántica es la ciencia más desarrollada y mejor fundamentada hasta el momento junto con la teoría de la relatividad de Einstein. Toda la tecnología actual es una consecuencia directa de la física cuántica, es decir sin física cuántica no hubiese sido posible la construcción de un láser, computador (internet), celulares, microondas, transbordadores espaciales, etc. El impacto de la tecnología en el hombre moderno es abrumador, el acceso a la información, la creación de internet y las consecuencias sobre las estructuras políticas, educativas y económicas es impresionante.Entonces la importancia de la física cuántica está más que justificada, además la cosmología relativista, la teoría cuántica de campos, la astrofísica, las teorías del big bang sobre el origen del universo, agujeros negros, materia oscura, teoría de supercuerdas, supermembranas, la física nuclear, universos paralelos, la física atómica, etc se enmarcan dentro de la física moderna, que consta de la física cuántica y la teoría de la relatividad general.La física cuántica nos proporciona mucha tecnología pero este no es su único aspecto de gran relevancia, hay otro aspecto y muy importante, es la forma de pensar que introduce. El pensamiento cuántico introduce una forma de pensar radicalmente distinta a lo que antes el ser humano creía saber sobre la naturaleza del universo y de si mismo. Las ideas cuánticas son complejas precisamente por ese aspecto de tener que reestructurar la mente en todos sus esquemas conceptuales
El presente artículo es un ensayo que expone algunas reflexiones sobre los aportes de los conceptos de la física cuántica a la concepción del ser humano y su relación consigo mismo y con el mundo. Se observa la comprensión del universo como un ser viviente, en el cual las causas de los fenómenos manifiestos provienen de un plano oculto y no manifiesto; allí el ser humano es concebido como una parte integral de un campo energético común, en el cual, mediante el principio de la no-localidad, cada acción, palabra y pensamiento provocan consecuencias a menudo inimaginables. Además, según esta perspectiva, la responsabilidad de cada uno por sus propios actos y pensamientos es una cuestión ineludible, de forma que somos realmente creadores activos de nuestra personalidad y vida. Esta manera de comprender el estado de cosas en el universo exige de cada uno de nosotros una revisión urgente de nuestros paradigmas personales, de nuestra filosofía y de nuestro grado de implicación tanto en los argumentos de nuestra vida, como en los acontecimientos sociales.
"Con frecuencia la f´ısica cu´antica y con ella la historia de su desarrollo suele presentarse como uno de los logros cient´ıficos e intelectuales m´as destacados del siglo XX. Por otra parte, y es algo que no resulta del todo novedoso, se sabe que la caracterizaci ´on de esta ´area de la f´ısica como “revolucionaria” ha dependido en buena medida de sus consecuencias a nivel cient´ıfico, te´orico y experimental, pero tambi´en a nivel de los problemas filos´oficos que ha ventilado desde su origen. No obstante, desde el punto de vista de la filosof´ıa consideramos que si bien el conocimiento que se tiene actualmente de los horizontes filos´oficamente fecundos de la f´ısica cu´antica no es del todo limitado, es necesario, a favor de una mayor profundizaci´on, volcar nuestra atenci´on en el problema ontol´ogico del objeto cu´antico. En este sentido este trabajo representa el esfuerzo de elaborar una reflexi´on filos´ofica referente a la cuesti´on sobre la naturaleza del objeto cu´antico. Una suposici´on de orden general advierte, en principio, que la realidad est´a compuesta de objetos, cosas o entidades mismos que se encuentran en cualquier teor´ıa, tanto f´ısica, como filos´ofica. Frente a ello y como actividades fundamentalmente generadoras de conocimiento efectivo la f´ısica, as´ı como la filosof´ıa, necesariamente deben asumir el compromiso de definir y delimitar el estatus ontol´ogico de las entidades que postulan. De cara a esta consigna la f´ısica cu´antica supone una significativa dificultad en materia ontol´ogica dado que, al interior de sus presupuestos fundamentales, el comportamiento y las propiedades de las entidades subat´omicas implican la violaci´on del principio ontol´ogico de identidad (y otras de sus formas como las relaciones de causalidad); la descripci´on del mundo f´ısico, manifiesta en la teor´ıa cu´antica, introduce elementos como la incertidumbre, la no-identidad y la falta de localidad puntual lo que, en t´erminos generales, implica, por un lado, la emergencia de un nuevo tipo de cientificidad y, por otro, una aut´entica reformulaci´on ontol´ogica. Dado que los objetos de la teor´ıa cu´antica distan de ser los exhibidos por la f´ısica cl´asica, surge la interrogante acerca del c´omo son, ontol´ogicamente, los objetos postulados por una teor´ıa con las peculiaridades exhibidas por la f´ısica cu´antica (qu´e son, c´omo son y qu´e determinaciones ontol´ogicas tienen, es decir, qu´e ontolog´ıa subyace a estas entidades y qu´e tipo de ontolog´ıa implica la teor´ıa cu´antica). Con esto en consideraci´on, se discute que el enfoque ontol´ogico de la f´ısica cu´antica en t´erminos de potencialidad-actualidad guarda semejanza respecto a los conceptos “acto” y “potencia” utilizados en la Metaf´ısica de Arist´oteles para explicar el devenir del Ser. Finalmente se se˜nala que la ontolog´ıa intr´ınseca de la mec´anica cu´antica exhibe abiertamente que la realidad, lejos de ser simple, concreta y univoca implica una creciente complejidad."
Hoy día, cuando nos preparamos a traspasar el humbral del siglo XXI, es evidente, que entre todas las formas de la conciencia social la ciencia es la que goza de mayor prestigio y autoridad y a la que debemos nuestra concepción del mundo, nuestro modo de ser, conocer y actuar.El siglo XX se puede definir, sin dudas, como el siglo de la Ciencia y ha sido ésta la que, en gran medida ha determinado las peculiaridades básicas de nuestra Civilización y las características del desarrollo de la Cultura.Entendiendo por Civilización una forma histórica específica de relaciones entre el Hombre y la Naturaleza, cuya esencia radica en la forma de asimilación por el Hombre del "cuerpo físico" de ésta y su transformación en objetos artificiales para su uso y consumo, así como por la elaboración de instrumentos, procedimientos y métodos de esa "asimilación" o "apropiación".Todo lo que creado por el Hombre en este proceso ha recibido el nombre de "Segunda naturaleza" o Cultura.El desarrollo de la Civilización, y si se quiere su progreso, implica un perfeccionamiento constante o una optimización de estas relaciones, pero también un incremento de sus dos tipos básicos de producción: la de objetos y bienes materiales y la producción de ideas, o sea, la producción espiritual, es decir, la creación de la Cultura y sus formas: la Ciencia, la Filosofía, la Religión, el Arte, etc. Las que han recibido el nombre de "formas de la conciencia social".El papel que juega la ciencia en la sociedad contemporánea no es una simple casualidad, ni una situación pasajera, sino un Éndoxa: Series Filosóficas, n'4,1994, UNED, Madrid