A través de cinco pasos argumentativos, el autor toma distancia de la concepción clásica de la filosofía de la ciencia y que se origina en la filosofía analítica, y propone un modelo diferente de lo que es y debe ser la filosofía de la ciencia. Para ello, toma como caso de estudio dos problemas: qué es la física cuántica y cómo surge. A la luz del estudio del surgimiento, desarrollo y significado de la física cuántica, se derivan conclusiones claras que son generalizadas en un nuevo esquema de lo que debe ser el diálogo entre la ciencia y la filosofía
A través de cinco pasos argumentativos, el autor toma distancia de la concepción clásica de la filosofía de la ciencia y que se origina en la filosofía analítica, y propone un modelo diferente de lo que es y debe ser la filosofía de la ciencia. Para ello, toma como caso de estudio dos problemas: qué es la física cuántica y cómo surge. A la luz del estudio del surgimiento, desarrollo y significado de la física cuántica, se derivan conclusiones claras que son generalizadas en un nuevo esquema de lo que debe ser el diálogo entre la ciencia y la filosofía
El diálogo entre la física cuántica y la teología de la creación se produce en un campo filosófico interdisciplinario que busca responder preguntas fundamentales sobre la naturaleza última de la realidad, la acción divina en el mundo y el papel del ser humano en un cosmos en constante evolución. A lo largo del siglo XX, los avances científicos han desafiado las visiones tradicionales del universo, provocando tensiones y oportunidades de diálogo entre la ciencia y la religión. En este contexto, la física cuántica emerge como un área clave, al proponer una descripción de la realidad que parece contradecir las intuiciones básicas de las tradiciones filosóficas clásicas, obligando pensar con modelos alternativos: los modelos sistémicos y ecosistémicos. Este artículo analiza cómo algunas interpretaciones -filosóficas- de la física cuántica han influido en la teología contemporánea de la creación, destacando las contribuciones de pensadores relevantes y sus perspectivas.
La causalidad en la filosofíaLa noción de causalidad ha sido largamente debatida y analizada por gran cantidad de filósofos que encuentran en ella el misterio de un principio aparentemente necesario e indemostrable.Esta condición hace pensar en su validez para el conocimiento, pues gracias a ella, por ejemplo, se han desarrollado las ciencias en occidente y el hecho de que no pueda demostrarse formalmente, tal y como se demostraría cualquier teorema, hace que la discusión sobre su sentido y validez se convierta en algo irresoluto.Como lo que interesa ahora no es hacer un tratado histórico sobre la evolución filosófica de la idea de causalidad, sino preparar el debate que se desarrolla en torno a ella en la física, específicamente en la mecánica cuántica, se tomará el sentido estricto de la idea de causalidad para dicha ciencia.Obviamente, también deberá tocarse inicialmente su sentido filosófico en algunos autores, pues, si bien la discusión nace en la filosofía, no se desprende completamente de ella aunque pase a hacer referencia directa a ecuaciones y experimentos concretos.La idea de causalidad puede rastrearse, en la historia de las ideas, hasta los griegos.Se cree que Demócrito y la escuela de los atomistas fueron los primeros en hacer referencia explícita a ella.Sin embargo, la idea heredada por la ciencia proviene más concretamente de Aristóteles, quien realiza un primer estudio proponiendo cuatro causas: formal, material, eficiente y final; y, aunque no en todo su sentido, es la causa eficiente aristotélica la que retoma Descartes y la que se conoce, con algunas variaciones, en la física clásica.Básicamente la diferencia entre la causa eficiente aristotélica y la cartesiana radica en la definición que cada uno hace del movimiento, pues ésta hace referencia directa al motor de las cosas, a lo que las ocasiona o las produce.Restringir el papel de la causalidad a un solo principio demarca el comienzo de una discusión que toma básicamente dos caminos: el científico -en el sentido de las ciencias exactas-y el filosófico, que más adelante será abordado por el escepticismo.
La biología cuántica llegó a manifestarse hasta el siglo XXI. No obstante, en su periodo de incubación, predominaron la física cuántica y la química cuántica. En este marco, los académicos descubrieron que las ciencias sociales, humanas y de la salud seguían siendo consideradas como precuánticas; es decir, conservaban la estructura mental de la mecánica clásica y, por ende, no escudriñaban en los temas, los ejes, los problemas, los fenómenos y las dinámicas propias de la cuántica. Los autores están convencidos de que es posible efectuar un diálogo entre las ciencias de la salud y la biología cuántica. Por lo demás, este diálogo permitirá que se entienda a profundidad la complejidad de la vida. El estudio de la complejidad le rehúye a una comprensión clásica de los sistemas vivos. Por esta razón, los investigadores emplean el mecanismo de la economía del lenguaje y los argumentos físicos o físico-químicos.
«Filosofía en la frontera cuántica» es una obra que examina los fundamentos del conocimiento científico desde la filosofía de la ciencia, centrada en los desafíos conceptuales de la mecánica cuántica. A partir de una lectura crítica y rigurosa, el autor propone una relectura trascendental del fenómeno cuántico, articulando elementos de la tradición kantiana con una reflexión sobre las condiciones que hacen posible el conocimiento. Más que una revisión técnica, el libro invita a repensar las fronteras del pensamiento: el sujeto que observa, el marco que configura y la realidad que resiste. Conceptos como la función de onda, el colapso cuántico y la indeterminación se abordan como problemas epistemológicos, no solo físicos. La obra se inscribe en el desarrollo de una epistemología de frontera, orientada a renovar el diálogo entre filosofía y ciencia, y a replantear las bases del saber contemporáneo. En el contexto latinoamericano, representa una contribución original al reivindicar la filosofía como herramienta crítica para interrogar los fundamentos del conocimiento científico.
Las teorías físicas no solo predicen fenómenos, también configuran nuestra comprensión del espacio, el tiempo, la materia y la causalidad. Sin embargo, la contribución del análisis filosófico a la física continúa siendo objeto de debate. Este estudio examina los objetivos conceptuales de la filosofía de la física y su relación histórica y contemporánea con la práctica científica. Una reconstrucción histórica y conceptual muestra que la reflexión filosófica ha acompañado desarrollos fundamentales de las teorías físicas, desde la mecánica clásica hasta la relatividad, aunque su influencia ha variado entre períodos. Asimismo, identifica un diálogo renovado en torno a la medición cuántica y la decoherencia, los fundamentos de la gravitación y los límites de la evidencia cosmológica. Estos casos permiten distinguir la elaboración y contrastación experimental de teorías del examen crítico de sus supuestos, estructuras matemáticas e implicaciones ontológicas, sin considerar ambas actividades independientes. Aquí mostramos que la filosofía de la física contribuye a la comprensión científica al esclarecer qué implican las teorías acerca del mundo e identificar interrogantes que el éxito predictivo no resuelve por sí solo. Esta perspectiva sitúa el análisis filosófico como una investigación complementaria y explica su vigencia en el estudio de los fundamentos de la física.
Hoy día, cuando nos preparamos a traspasar el humbral del siglo XXI, es evidente, que entre todas las formas de la conciencia social la ciencia es la que goza de mayor prestigio y autoridad y a la que debemos nuestra concepción del mundo, nuestro modo de ser, conocer y actuar.El siglo XX se puede definir, sin dudas, como el siglo de la Ciencia y ha sido ésta la que, en gran medida ha determinado las peculiaridades básicas de nuestra Civilización y las características del desarrollo de la Cultura.Entendiendo por Civilización una forma histórica específica de relaciones entre el Hombre y la Naturaleza, cuya esencia radica en la forma de asimilación por el Hombre del "cuerpo físico" de ésta y su transformación en objetos artificiales para su uso y consumo, así como por la elaboración de instrumentos, procedimientos y métodos de esa "asimilación" o "apropiación".Todo lo que creado por el Hombre en este proceso ha recibido el nombre de "Segunda naturaleza" o Cultura.El desarrollo de la Civilización, y si se quiere su progreso, implica un perfeccionamiento constante o una optimización de estas relaciones, pero también un incremento de sus dos tipos básicos de producción: la de objetos y bienes materiales y la producción de ideas, o sea, la producción espiritual, es decir, la creación de la Cultura y sus formas: la Ciencia, la Filosofía, la Religión, el Arte, etc. Las que han recibido el nombre de "formas de la conciencia social".El papel que juega la ciencia en la sociedad contemporánea no es una simple casualidad, ni una situación pasajera, sino un Éndoxa: Series Filosóficas, n'4,1994, UNED, Madrid