El análisis aborda las interpretaciones modernas de la física cuántica, particularmente la sustitución de la causalidad por modelos estadísticos basados en el azar. Critica la postura de autores como Schrödinger, Born y Heisenberg, quienes atribuyen a fenómenos atómicos una indeterminación esencial, negando así la existencia de leyes naturales fijas. Desde la filosofía escolástica, se argumenta que esta visión omite la causalidad intrínseca del átomo, fundamentada en la teoría hilemórfica, que distingue entre esencia constante y accidentes variables. Se enfatiza que la variabilidad observada en las cargas eléctricas no invalida la determinación interna radicada en la forma sustancial del átomo, sino que refleja propiedades accidentales derivadas de su naturaleza esencial. El texto recupera la doctrina de Suárez y la escolástica para reafirmar la necesidad de leyes naturales en la física matemática, rechazando la reducción de la realidad a meras probabilidades.
El análisis aborda las interpretaciones modernas de la física cuántica, particularmente la sustitución de la causalidad por modelos estadísticos basados en el azar. Critica la postura de autores como Schrödinger, Born y Heisenberg, quienes atribuyen a fenómenos atómicos una indeterminación esencial, negando así la existencia de leyes naturales fijas. Desde la filosofía escolástica, se argumenta que esta visión omite la causalidad intrínseca del átomo, fundamentada en la teoría hilemórfica, que distingue entre esencia constante y accidentes variables. Se enfatiza que la variabilidad observada en las cargas eléctricas no invalida la determinación interna radicada en la forma sustancial del átomo, sino que refleja propiedades accidentales derivadas de su naturaleza esencial. El texto recupera la doctrina de Suárez y la escolástica para reafirmar la necesidad de leyes naturales en la física matemática, rechazando la reducción de la realidad a meras probabilidades.
Las teorías modernas sobre la radioactividad han llevado a un abuso del concepto de ley estadística, sustituyendo el principio de causalidad por el mero azar. Se analiza el fenómeno de la desintegración atómica, que se describe comúnmente como espontáneo y regido por leyes estadísticas, y se cuestiona si realmente carece de causa determinante. Se argumenta que, aunque la distribución de los eventos radioactivos sigue patrones probabilísticos, esto no implica la ausencia de causalidad interna en los átomos. Se revisan posturas científicas contemporáneas, como las de Goldstein y De Broglie, quienes proponen que la estabilidad nuclear depende de interacciones específicas y no solo del azar. Se concluye que la ley estadística es útil para describir tendencias generales, pero no puede reemplazar la causalidad en la comprensión de los fenómenos físicos, pues los procesos atómicos siguen regidos por principios internos aún no completamente comprendidos.
[ES] Hoy en día hay sobradas razones para considerar la teoría cuántica como uno de los mayores éxitos de la física moderna. Después de unos primeros años dificultosos, inaugurados por el descubrimiento del cuanto de acción por Max Planck en 1900, la teoría física cuántica acumula éxitos y consigue describir una cantidad de fenómenos cada vez mayor. No obstante, también es una teoría que desafía a nuestra intuición, pues choca con las nociones más elementales de la física clásica. La validez del formalismo de la mecánica cuántica está fuera de toda duda, pero de este no se desprende inmediatamente una imagen de la realidad microscópica. Esto supone un problema serio, ya que el objetivo de la física es dar una descripción de la realidad, además de permitirnos manipularla. Profundizar en este tema es el motivo principal para hacer este trabajo. Una de las primeras soluciones al problema presentado, y también la más dominante,1 es la interpretación de Copenhague. Se asocian comúnmente a esta físicos como Max Born, Werner Heisenberg y Niels Bohr. Esta interpretación suele entenderse como sinónimo de indeterminismo, el principio de correspondencia de Bohr, la interpretación estadística de la función de onda de Born y la interpretación complementaria de Bohr de ciertos fenómenos atómicos.2 Sin embargo, a día de hoy se dispone de suficiente información para saber que bajo este término se agrupan interpretaciones muy diferentes entre sí.3 A pesar de las divergencias entre los autores mencionados, está ampliamente aceptado que la perspectiva general que comparten tiene su origen en el trabajo de Bohr.4 Así, he centrado el trabajo en su solución al problema de la física cuántica y en su filosofía de la física.
En un artículo previo, se había analizado una corriente de opinión que se está extendiendo entre los científicos —incluidos los católicos— y que —en opinión del autor— no debe aceptarse sin más. Esta corriente implica la negación de la causalidad verdadera en el mundo físico y de un determinismo en las leyes que lo rigen. Aunque el principio de cuantificación ha complicado la expresión matemática de las leyes físicas, lo que exige una revisión de algunas, especialmente en la mecánica atómica, el autor considera que el valor objetivo de estas discontinuidades y la aplicación de leyes mediante el cálculo de probabilidades y la mecánica estadística son temas clave para la filosofía natural. Por ello, se abordan brevemente estos puntos.
El debate sobre el determinismo e indeterminismo en la física ha alcanzado una enorme expansión con el advenimiento de la mecánica cuántica, una teoría formulada en términos probabilísticos dado que su ecuación fundamental, la ecuación de Schrödinger, no determina la dinámica de las propiedades de un sistema, sino la dinámica de sus probabilidades. Al tratar exclusivamente con probabilidades, la física cuántica parece evidenciar un indeterminismo ontológico en los valores que adquieren las variables de un sistema físico (típicamente posición, velocidad, energía, etc.). Sin embargo la evolución del estado del sistema, gobernada por la ecuación de Schrödinger, es perfectamente determinista. Dado el estado a un tiempo inicial, la ecuación de Schrödinger predice de manera determinista el estado en todo tiempo posterior. Pero las probabilidades entran en juego al predecir resultados en el proceso de medición. Según la interpretación ortodoxa, a partir de ahí la evolución es indeterminista y sólo se puede recurrir a las probabilidades que permiten calcular el estado, que hasta ese momento evolucionó manera determinista. La mecánica cuántica parece incorporar así, tanto aspectos determínisticos como indetermínisticos, y la medición parece jugar un rol central en esto.Esta característica ha dado origen un sinnúmero de interpretaciones y no poca controversia entre ellas. Bajo la visión realista, se ha intentado interpretar las probabilidades en términos epistemológicos, es decir, en términos de ignorancia subjetiva del observador. De este modo, las probabilidades sólo estarían cuantificando un indeterminismo epistemológico. Sin embargo muchos de estos intentos demostraron no estar exentos de inconsistencias al punto de poner en juego hasta la misma noción de realismo. Desde una postura no realista, por el contrario, la mecánica cuántica parece imponer un indeterminismo ontológico antes no evidenciado por la mecánica clásica, principalmente porque no es posible asignar valores bien definidos a todas las variables.En las siguientes secciones indagaremos la dualidad entre determinismo e indeterminismo que exhibe la teoría cuántica. La primera sección centra su recorrido en las interpretaciones modales, para analizar desde ella algunas características relevantes de la teoría. En la segunda sección, se desarrollará la formulación Bohmiana de la mecánica cuántica, que tratándose de una formulación realista, pone de relieve la posibilidad de un indeterminismo epistemológico compatible con determinismo ontológico.
MORENO IPueden ser consideradas en principio dos nociones diversas acerca del contenido de la idea de causalidad; denominaremos a estas dos nociones causalidad en sentido amplio y causalidad en sentido estricto.La primera se refiere fundamentalmente a la existencia de una relación y una vinculación entre dos fenómenos o estados físicos.La naturaleza de este tipo de relación puede especificarse de muy diversos modos: como «circunstancias que acompañan» a un fenómeno, «datos concomitantes», «fenómenos contiguos» a un estado físico, etc.No se expresa en esta acepción de la causalidad ni la idea de una necesidad intrínseca, ni tampoco la de un determinismo unívoco.Es decir, lo que se quiere significar es la idea de una dependencia de un fenómeno con respecto a otro.Esta dependencia viene especificada a través de leyes, o sea, leyes de la naturaleza, que se expresan matemáticamente.En palabras de Max BORN: «La causalidad postula que hay leyes por las cuales el acontecer de una entidad B de una cierta clase depende del acontecer de una entidad A de otra clase, donde la palabra 'entidad' significa algún objeto físico, fenómeno, situación, o suceso.A es denominada la causa, B el efecto» l .
Las teorías físicas no solo predicen fenómenos, también configuran nuestra comprensión del espacio, el tiempo, la materia y la causalidad. Sin embargo, la contribución del análisis filosófico a la física continúa siendo objeto de debate. Este estudio examina los objetivos conceptuales de la filosofía de la física y su relación histórica y contemporánea con la práctica científica. Una reconstrucción histórica y conceptual muestra que la reflexión filosófica ha acompañado desarrollos fundamentales de las teorías físicas, desde la mecánica clásica hasta la relatividad, aunque su influencia ha variado entre períodos. Asimismo, identifica un diálogo renovado en torno a la medición cuántica y la decoherencia, los fundamentos de la gravitación y los límites de la evidencia cosmológica. Estos casos permiten distinguir la elaboración y contrastación experimental de teorías del examen crítico de sus supuestos, estructuras matemáticas e implicaciones ontológicas, sin considerar ambas actividades independientes. Aquí mostramos que la filosofía de la física contribuye a la comprensión científica al esclarecer qué implican las teorías acerca del mundo e identificar interrogantes que el éxito predictivo no resuelve por sí solo. Esta perspectiva sitúa el análisis filosófico como una investigación complementaria y explica su vigencia en el estudio de los fundamentos de la física.